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martes, 18 de septiembre de 2018

CAPRI NO C'EST FINI

Amanece otro día espléndido este martes de "ni te cases ni te embarques" que, inconscientemente, hemos elegido para navegar hacia la isla de Capri, situada a menos de una hora en barco desde Nápoles, frente a la península sorrentina.
Resulta agradable la travesía, con la brisa marina paliando los efectos del sol.


La vista que se nos ofrece al llegar es espectacular mientras atracamos entre un sinfín de barcos de línea, yates y diversos tipos de embarcaciones.
Algo diferente a lo que podemos ver en la película "Capri", también llamada "Comenzó en Nápoles" o "Bahía de Nápoles", que protagonizaron en 1960 Clark Gable, Sophia Loren y Vittorio de Sica.
Nada más pisar tierra firme lo primero es hacerse con los billetes de autobús para subir a los lugares de interés. Una vez obtenidos, por 7€ para todo el día, lo siguiente es la cola en la parada. Palabras mayores, la espera desespera. 


Y, mientras, vemos que suben y bajan unos peculiares taxis descapotables pero cubiertos con un toldo. Precio: 30€. A seguir esperando. Hasta que descubrimos que caben seis personas y espontáneamente se forma un grupo de entre los que esperábamos, a 5€ por barba.
Subimos, pues, hasta Anacapri, la segunda ciudad de la isla y situada en lo más alto.
Paseamos por sus limpias callejuelas y observamos alguna de sus atracciones, como esta casa roja, la iglesia de San Michele y otras.


Después del obligado descanso tomamos, esta vez sí, el autobús para bajar un poco hasta la ciudad de Capri. Ahora con mucha menos cola y menos espera.
Y llegamos a La Piazzetta, donde parece esperarnos el mundo entero. Tiendas, bares, restaurantes y gente se agolpan por las estrechas callejuelas haciendo difícil la movilidad. Recorremos la aquí también llamada milla de oro, donde se suceden todas las marcas habituales del lujo más sofisticado, hasta el momento de nuestro habitual descanso antes de la comida.
Habíamos reservado en un restaurante que nos pareció apropiado, además por las vistas que anunciaba. Lo que no decía es que casi los 800 metros que nos separaban de él eran cuesta arriba. Menos mal que mereció la pena el esfuerzo para comer con este panorama.


Una buena comida, con un buen vino rosado de la Toscana, y toca poner el punto final a nuestra estancia en Capri. Nos ha sabido a poco.
Tenemos que emprender el descenso a La Piazzetta para coger de nuevo el autobús que nos bajará del todo hasta la Marina Grande, donde nos espera el barco de regreso a Nápoles.
Pero antes nos quedamos con este recuerdo.


Capri c'est fini cantaba Hervé Villard hace una eternidad. Pero no, Capri no se acaba todavía.

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