Domingo, siempre es domingo, según una antigua canción. Y en este tercero del mes de septiembre nos disponemos a salir de Nápoles para hacer un recorrido por la cercana Costa Amalfitana que se extiende serpenteante frente al mar Tirreno.
Tomamos la "autostrade tangenziale" para enfilar la A3 en dirección a Sorrento, núcleo principal de la llamada Península Sorrentina. Tan a gusto íbamos en nuestro coche de alquiler, que cuando quisimos darnos cuenta nos habíamos plantado en Salerno, a donde pensábamos que no nos daría tiempo a llegar. Visto y no visto, la verdad.
Así que aprovechamos para dar un paseo por las calles del casco antiguo hasta llegar a la catedral, o Duomo como lo llaman por aquí, y poder comprobar que se trata de un interesante templo, lo mismo que el resto de la ciudad que se asoma al mar.
Iniciamos, pues, nuestro recorrido al contrario de lo previsto pero satisfechos de que la equivocación nos hubiera deparado tan buen comienzo.
Concurrida carretera, quizá por el hecho de ser domingo, llena de curvas ¡y de motos!
Y cómo se las gastan estos moteros (más bien scooteros) que adelantan de las maneras más inverosímiles, se cuelan por cualquier resquicio, ya sea curva, recta o lo que sea. Ya lo habíamos observado en Nápoles.
Para los que nos gusta conducir, desde luego, esta es la carretera ideal. Eso sí, olvídate de adelantar porque apenas hay resquicio para un coche e incluso en numerosas ocasiones no pasan dos a la vez.
En tránsito o parando en huecos inverosímiles vamos disfrutando de espectaculares vistas y paisajes, atravesando diversas poblaciones hasta que decidimos desviarnos hacia el interior para llegar a Ravello.
Se trata de un pequeño pueblo medieval que conserva algún vestigio interesante y muchas tiendas y bares. Así que nos refugiamos en una terraza a la sombra, porque hoy también hace un calor importante.
Después de un rato de relax, volvemos al torrente circulatorio, y nunca mejor dicho.
Retornamos al litoral con la idea de hacer un corto recorrido para parar en Amalfi, la población que da nombre a esta Costa, recorrer sus pintorescas callecitas y conocer su impresionante catedral.
Lo que se ve a continuación es la foto que pudimos hacer desde el coche durante el atasco para llegar.
Y de aparcar, ni hablamos. Así que nos quedamos sin conocer Amalfi. Pero igual en otros pueblos próximos. No sabemos si sería el efecto domingo o siempre es así. El caso es que, ya cansados de dar vueltas y cuando estábamos a punto de tirar la toalla, apareció providencialmente un hueco para aparcar y pudimos sentarnos a comer unos spaghetti en un chiringuito casi a las 4 de la tarde. Eso sí, estaban buenísimos.
Más relajados, nos planteamos continuar nuestro camino. La siguiente meta era Positano, lugar del que teníamos noticias por sus impresionantes atardeceres. Y donde, por cierto, se rodó "El talento de Mr. Ripley", una de las últimas películas del prematuramente fallecido Anthony Minghella, con Matt Damon y Paltrow.
Pero casi más de lo mismo. El pueblo se encarama desde el mar por la ladera de la montaña, tiene buena pinta, seguimos a duras penas las señales de parking, sorteando a la muchedumbre que se agolpa por la estrecha calle, llegamos y aparcamos.
Seguimos descendiendo a pie con la idea de llegar hasta el mar pero resulta casi imposible caminar entre la gente. Llegamos hasta una plaza y comprobamos que todavía nos queda un buen y empinado trecho, amén de observar que siguen las dificultades para moverse. Por supuesto, de atardecer, nada.
Decidimos irnos. Ascendemos hasta el parking y salimos muy contentos de que sólo nos cobraran 7 euros por menos de una hora.
Ya era de noche cuando nos encaminamos de regreso a Nápoles para comprobar que lo peor estaba por llegar. Más de 3 horas para un recorrido de unos 60 kilómetros.
A pesar de todo, encantados, en general, del día que hemos pasado. La Costa Amalfitana es una maravilla y merece la pena conocerla y recorrerla, pero seguramente no estaría de más alguna que otra inversión en infraestructuras.





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