Este sábado 15 de septiembre amanece radiante y caluroso; un cielo azul, un sol abrasador ya de buena mañana y una humedad más que relativa: absoluta.
Desde la Plaza de Garibaldi donde estamos alojados emprendemos camino por la bulliciosa vía Umberto I para dirigirnos al Duomo, o sea, a la catedral de Nápoles. La empinada calle que hemos de tomar nos hace sudar pero merece la pena porque el templo en cuestión despliega una gran belleza.
Continuamos nuestro deambular por el casco antiguo napolitano pero lo que vamos viendo no es del mismo tenor. Mucho abandono en general, todo muy desvencijado, suciedad, una pena que no le dediquen más atención a esta zona.
Por aquí seguro que anduvieron Marcello Mastroianni y Sophia Loren cuando rodaron en 1964 "Matrimonio a la italiana" bajo la dirección de Vittorio de Sica.
Así llegamos a otra de las principales arterias de la ciudad: la calle Toledo, que nos conducirá al barrio español en medio de una abigarrada masa de gente.
Decidimos no callejear por el barrio y nos inclinamos por entrar en la galería de Umberto I, muy similar (por no decir igual) a la de Vittorio Emmanuele II que está en Milán. Quizá no sea tan espectacular como la de la ciudad lombarda, pero tiene su atractivo.
A la salida nos encaminamos al Castel Nuovo o Maschio Angioino, una fortaleza convertida en museo, y finalmente llegamos al mar.
Al desembocar en el paseo marítimo parece que estamos en otra ciudad. Nada que ver con todo lo anterior. Unos preciosos edificios pulcramente conservados, algunos de ellos convertidos en hoteles de lujo; nada del caos en el tráfico que hemos padecido (¿respetar los pasos de cebra? Ja). Unas terrazas alineadas frente al mar donde por la noche es una delicia detenerse.
Como nos detenemos ante otro castillo, este es el Dell'Ovo, que domina la bahía.
En fin, está claro que Nápoles se vuelca sobre el mar Tirreno, da una espléndida fachada ante él y lo que queda a la espalda es otro mundo.
Nos habíamos desviado de nuestro camino, así que de regreso toca una parada en la Piazza del Plebiscito donde se encuentra una meritoria iglesia circular también muy similar en este caso al Panteón de Agripa en Roma.
Y punto por hoy. Casi exhaustos y deshidratados volvemos a nuestro hotel.
Mañana más (y esperamos que mejor).




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